lunes, 8 de septiembre de 2008

¿ Tu o usted? Mujeres al borde de un ataque de personalidad dividida

¿Qué mujer de esta edad no sufre el peor conflicto de identidad? El farmacéutico nos trata de “tú”, el cadete de la oficina nos trata de “usted”, el gerente nos tutea, la recepcionista nos dice “señora” , y la mitad de los compañeros de trabajo nos trata de “niña”, mientras que la otra mitad nos llama por el apellido y nos dice de “usted”. En la boletería del estación de tren nos dicen “ ¿ No tienes monedas?” pero cuando subimos al vagón, el guarda del mismo tren nos dice “Disculpe, señora”. ¿ En qué quedamos? Entramos a un negocio comprar una toalla, y mientras la dueña del local le dice a la empleada “Muéstrale a la señora el toallón de la vidriera”, la empleada nos dice “ ¿Te agrada este color?”, mientras que otra clienta dice “Deme otro igual al de la muchacha”, la cajera nos pregunta “ ¿No tiene cambio, señora?” y la dueña nos dice “¿Quieres que te muestre unas cortinas de baño divinas?”. ¿En qué quedamos? ¿Somos señoras, o somos niñas? ¿Es costumbre personal de quien habla o es la imagen ambigua que transmitimos? ¿Cómo hay que tomar este trato esquizoide? ¿Tenemos que exigir más respeto a los que nos tutean, o le damos un beso al que todavía nos trata de tú? ¿Y por qué nos tutean si ya somos grandecitas? Terminamos confundidísimas, sin saber si, cuando un camarero dice “Sírvase, señora”, debemos esperar que se sirva alguna anciana o si nos está convidado a nosotras. Día a día pasamos por momentos de duda, sin saber si tenemos que pedir que nos tuteen, si tenemos que tutear a quien nos tutea, o si nos conviene tratar al otro de “usted” para equiparar el trato respetuoso. Cada vez está más de moda tutear a medio mundo, pero eso tiene sus contras. El tuteo conlleva un posible exceso de confianza. Si nos toca atender clientes o vendedores, lo más recomendable es tratarnos todos de “usted”. Pero si tienes un cumpleaños en la oficina, que te sigan tratando de “ usted” te descoloca tanto que te dan ganas de ir a comerte el pastel al baño de damas. Si estás en un trabajo rodeada de veinteañeras compinches, no es malo que prepondere el tuteo. Hasta que te toca ser la jefa y las mismas que eran tus colegas se convierten en subalternas rebeldes. Entonces ya no conviene ser “una de las chicas” , y el trato se complica . ¿Cómo lo solucionas? ¿Debes decirles “¡Ahora me dicen Señora!”? El tuteo es un viaje de ida. ¡Es imposible comenzar a tratar de usted a alguien que has tuteado! ¿Qué pasa cuando el tuteo nos trae problemas? ¿Y cómo se hace para no perder la dignidad diciendo “ Por favor, exijo que todos me traten de “Usted” ,menos ese lindo morocho de ojos grises del sector técnico, que me puede tutear todo lo que quiera”? En esta edad, de un momento al otro te sientes una colegiala o una madre, según para dónde sople el viento y con quién estés hablando. En los países de habla inglesa no pasa esto : allí “you” significa “ tú” y “ Usted”, las dos cosas al mismo tiempo...no hay ninguna diferencia de confianzas . Esto les da terribles dolores de cabeza a los que subtitulan películas, que por regla general resuelven que la pareja protagonista del film original en inglés comience mágicamente a tutearse después del primer beso. Esto podrá pasar en Puerto Rico, pero no aquí, donde el tuteo viene, por suerte, mucho antes del primer beso: generalmente, después del primer café. La ventaja de las mujeres de habla inglesa es que a los 40 no tienen que sufrir ataques de esquizofrenia como nos pasa a las hispanoparlantes. Pero las inglesas tienen una desventaja: nunca saben a qué grado de confianza llegaron con nadie. Imagínate casada con un marido inglés , preguntándote después de 45 años de convivencia : “ Charles, estoy preocupada ...¿ Me puedes decir si me has empezado a tutear al fin, después de todos estos años? Porque yo lo único que escucho es “you, you, you...” . ¿ El tuteo nace o se hace? ¿ Cada mujer tiene el tuteo que se merece? En esta historia de cómo nos ven los demás – porque en esencia, se trata de eso- no hay salida airosa, y los cuarenta son una década de dudas e incertidumbres permanentes. Lo que te ayuda a ejercitar otro sentido innato femenino, que es el de disfrazarte según quieras que te tuteen, o no.