lunes, 8 de septiembre de 2008

Perseguidas por la celulitis

Cada vez que hojeo una revista femenina o miro un programa de televisión destinado a mujeres, aparece un aviso o un comentario sobre la mayor plaga que acecha a las mujeres. No es el hambre, ni el sida, ni la violencia doméstica, ni la tuberculosis ni los abortos sépticos, sino...la temible celulitis. Hablan de la celulitis en términos siniestros como para que se te hiele la sangre del horror: “ No deje que la celulitis deforme tu cuerpo”, “Celulitis: un problema de todas” o “El único remedio contra la celulitis” . El último invento para acomplejarnos aparece en folletos y carteles inmensos en todas las farmacias. La foto muestra una cola perfecta y unos muslos de modelo anoréxica con tres pinzas de tender la ropa apretando la carne de la pobre y dolorida flaca, sugiriendo que lo que pellizca la pinza es un sobrante grasa. El aviso promete una reducción del 23,5 por ciento de celulitis en un mes. Si a la cola de la foto le sobra un 23,5 por ciento, ¡a mí me está sobrando el 600% del cuerpo! ¿Qué nos piden que hagamos? ¿Que nos pongamos pinzas de ropa para saber cuánto nos sobra? ¿O que desaparezcamos del mapa? Vayamos por partes: ¿Qué es exactamente la celulitis? Según la socióloga Naomi Wolf, autora de“El Mito de la belleza”, la celulitis no existía hasta el año 1973. En ese año, una edición particularmente perversa de la edición francesa de la revista Vogue, publicó un artículo donde un médico empezaba a llamar “celulitis” a lo que hasta ese nombre era, simplemente, carne de mujer. Se inventaron una manera perversa de detección del “mal” que consiste en apretar la carne para que aparezca poceada: el famoso síntoma de “piel de naranja” . También se publicaron artículos que explican que la celulitis es acumulación de toxinas de la carne rodeando células de grasa, formando un panículo adiposo que deforma el cuerpo femenino. Las mujeres de todo el mundo empezaron a traducir a mil idiomas la nota francesa- porque todo lo que viene de París es chic- y a creerse que sus cuerpos femeninos se convierten, con los años, en una masa informe de grasa y toxinas pegoteadas. Una porquería, bah. Aún hoy– casi treinta años después del día en que lanzaron la Gran Mentira – las mujeres no se gustan cuando se miran al espejo:“ Mira estos muslos qué desastre”, “Tengo las piernas a la miseria” , “Ya no me aguanto esta panza” son las lindezas que las mujeres se dicen a sí mismas. Entonces prueban los mil métodos para cambiar la consistencia de sus cuerpos pretendiendo sacar la “celulitis”. Y no hay resultados, simplemente porque la celulitis no existe. O sea que la lucha contra la celulitis es la lucha inútil contra una misma. Lo curioso es que las mujeres tienen tanto pánico de ser gordas, que prefieren creer que tienen carne defectuosa por una enfermedad deformante, antes que pensar que son así por causa del cromosoma XX. Las mujeres somos más redonditas porque nuestro organismo fabrica grasa, que a su vez fabrica la hormona llamada estrógeno, que nos permite ser madres. Es como la historia del huevo o la gallina: la grasa fabrica la hormona que fabrica la grasa. Si no pasara eso, ¿seríamos más bellas? No: tendríamos el cuerpo de Miguel Bosé o de un jugador de fútbol, cosa que tal vez no sea algo tan malo...¡pero de femeninas no tendríamos nada! Por mi parte, tengo la prueba máxima de que la celulitis es un invento: apenas tuve en mis brazos en la sala de partos a mi beba recién nacida, le hice la prueba de apretarle la pierna para ver si se le formaba el poceado típico de “ piel de naranja”. ¡Y comprobé qué mi hija nació con celulitis! Y no sólo mi hija. También mis dos bebés varones nacieron celulíticos...como todos los bebés del mundo. Si nos convencen a las mujeres en general y a las que se acercan a los 40 en particular de que estamos llenas de enfermedades, deterioro y fallas, podrán vendernos más cremas y pastillas que si pensamos que estamos fantásticas. Supongamos que de golpe una revista masculina llamada “ Motos & Autos” o la misma “ Playboy” publicara un artículo diciendo que los hombres tienen una enfermedad llamada “Capilitis” que les llena de pelos desagradables las espaldas, el pecho y las piernas, y que tienen que gastar millones en productos destinados a evitar el crecimiento del pelo en esas partes. Imagínense millones de hombres comprando productos llamados “ No Pelos”, “Lampiñex” o “Caralisa Forte”. ¿No sería un negocio genial? No, no lo sería. ¿ Por qué inventan sólo enfermedades de mujeres y no de hombres? Porque no sería negocio preocupar a los hombres. ¡Si a ellos no les importa nada envejecer! Pueden lucir panzas, calvas y gafas y mientras sepan de política, deportes y negocios se siguen considerando increíblemente sexys. La autoestima de los hombres, a medida que envejecen, es inversamente proporcional a las mujeres de su misma edad. Queridos hombres... ¿Por qué no nos explican cómo hacen para ser panzones, arrugados, calvos.... y FELICES?

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