lunes, 8 de septiembre de 2008

¿ Por qué le dirán " estar indispuesta"?

¿ POR QUÉ LE DIRÁN “ESTAR INDISPUESTA”? Una amiga mía que acaba de cumplir 44 años y se casó hace tres años, me contó que finalmente decidió tener el primer bebé. - ¡Felicitaciones, qué lindo! Así que en cualquier momento tenemos la noticia...- le dije - ¿Qué noticia? - ¿Cómo qué noticia? ¡De que estás embarazada! - ¡No, para nada! El médico me dijo que las probabilidades de quedar embarazada a esta edad se reducen muchísimo, y que no tengo tiempo que perder. Así que, antes que nada, me tengo que hacer una batería de tests. Y si todo sale a bien, van a hacerme una estimulación ovárica . Me quedé helada y le pregunté : - ¿ Pero tu marido tiene algún impedimento...? - ¡ No! ¿ Pero no te he dicho que a los 44 no hay tiempo que perder y que en cualquier momento, a esta edad puede empezar la menopausia? Pegué un respingo. ¿Cómo la MENOPAUSIA? ¿Eso no era algo que nos toca después de los 50? Ahí me di cuenta de que eso también nos puede tocar a esta edad: una menopausia precoz. Pensar que pudimos haber soñado con ser cantantes precoces, pianistas precoces, actrices precoces, pero no...¡lo único que nos puede pasar a esta edad es ser menopáusicas precoces! Hay mujeres que siempre detestaron la menstruación, que no soportaron los dolores, ni la incomodidad de tener que llevar tampones, algodones, toallitas higiénicas y protectores femeninos de aquí para allá, que no aguantan la incomodidad de andar con pérdidas que les manchen la ropa, de tener que explicar a un novio que no pueden hacer el amor o de soportar los cambios anímicos a los que nos sujeta la “regla”. Una amiga de 45 años me confesó que desde que le dejó de venir la menstruación se siente otra: más estable, más segura de sí misma, más fuerte. “¡Me siento como un hombre!”, me dijo Susana. Y está feliz desde que “ ya no le viene”. Yo no estuve nunca entre las que forman este grupo. La menstruación me pareció siempre una tranquilizadora confirmación de mi feminidad. Cuando era chica, me mandaba la parte con mi novio de la menstruación. Yo me sentía una especie de sacerdotisa explicándole cosas que el pobre chico – hijo único, madre reprimida- en su vida habría podido imaginar. Después me enteré de que miles de mujeres murieron en la hoguera acusadas de brujería por haber dicho mucho menos de lo que yo le dije al muchacho. Tuve suerte de no haber nacido 300 años antes. A los 13 años, la primera menstruación fue para mí la noticia de que había entrado en el mundo de las mujeres: podía tener un hijo cuando quisiera. Ese día es muy importante en la vida de una. Y sin embargo, debemos callárnoslo, como si fuera un secreto vergonzante. Antes, a las mujeres se les decía que si estaban menstruando no podían entrar a la cocina porque se cortaba la mayonesa, o que no podían lavarse la cabeza porque se les cortaba la menstruación. La cuestión es que a la menstruación siempre se le achacó que “cortaba” algo, cuando lo único que cortaba era la infancia, por suerte. La sociedad vive una pacatería machista muy parecida a la de la época de caza de brujas de la Inquisición. No dejo de asombrarme que en TODAS las publicidades televisivas de toallitas femeninas se hagan demostraciones de su poder absorbente con tinta azul, jamás con tinta roja... ¡ como si las mujeres nos fuéramos a impresionar porque las vemos manchadas de rojo, como las vemos siempre! Cuando las veo, jamás me tienta comprarlas, porque no creo necesitar toallitas femeninas con alas anatómicas para el caso que se me derrame súbitamente un tintero lleno de tinta azul Todo el proceso de menstruación es tan complejo, que nos mantiene pendientes de lo que nos pasa en nuestro interior, ya sea por los síntomas corporales o emocionales. Por irregulares que seamos, la llegada de la menstruación nos confirma que nuestro cuerpo funciona como debe funcionar. Yo nunca supe por qué a la menstruación se le dice “ Estar indispuesta”. Para mí siempre significó estar más dispuesta que nunca. Cuando me viene la menstruación, exploto: me vuelvo más primitiva, menos permisiva y demasiado franca. Todo lo que me venía molestando a lo largo del mes y lo callaba, lo largo junto con ese medio litro de sangre que se va. Así es que se me revoluciona la vida en cuatro días: digo las verdades de frente, como los borrachos, y sálvese quien pueda. Los psicólogos tienen un manual de cabecera llamado DSM IV( Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders: Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales IV), donde figuran todas las patologías mentales, sus síntomas, el diagnóstico y el posible tratamiento. Recién en la última edición del manual apareció el tema de la locura repentina menstrual de las mujeres, con el nombre de“Trastorno disfórico premenstrual”. Una mujer sufre de este trastorno si tiene cinco o más de los siguientes síntomas: “sensación de tristeza, desesperanza o autodesaprobación; tensión, ansiedad o impaciencia; estar extremadamente sensible y llorar con facilidad; estar irritable o enojada; aumento de los conflictos interpersonales; pérdida de interés por las actividades habituales; distanciamiento en las relaciones sociales; dificultad para concentrarse; sensación de fatiga, letargia o falta de energía; cambios acusados del apetito, que a veces pueden acompañarse de atracones o antojos por una determinada comida; dormir más que lo habitual, o por el contrario, padecer insomnio; sensación de estar rebasada, “ al límite”, de “ no aguantar más” o estar fuera de control, y síntomas físicos como hipersensibilidad o crecimiento mamario, dolores de cabeza o sensación de hinchazón o ganancia de peso, con dificultad para ajustarse la ropa, el calzado o los anillos.” El manual reconoce que al menos un 75 % de las mujeres sufren cambios premenstruales, un 50% afirma que se siente bien distinta en esos días, y entre un 3% y un 5 % de las mujeres experimenta gran cantidad de los síntomas descriptos. El trastorno afecta a la mayoría de las mujeres desde la menarca, y los síntomas aumentan con los años, hasta llegar a su pico- no casualmente- en torno a los 40, para remitir con la menopausia. Notablemente, el manual aclara que “hay muy pocos estudios sistemáticos sobre el curso y la estabilidad de este trastorno”. Claro, se trata de una afección exclusivamente femenina, así que ¿ por qué nadie se tomaría el trabajo de estudiarlo? De todos modos, el DSM-IV aclara que este síndrome “no debe considerarse trastorno mental, y sólo debe ser tratado terapéuticamente si las alteraciones que sufre la mujer interfieren acusadamente con el trabajo, la escuela, las actividades sociales habituales o las relaciones interpersonales (evitación de actividades sociales, disminución de la productividad y eficiencia en el ámbito laboral o académico).” A mí no me cautiva la idea de que algo que les pasa al 75% de las mujeres sea tomado como patología mental, para colmo cuando no se hicieron estudios formales y sistemáticos sobre el síndrome. Si perdemos casi un litro de sangre por mes, ¿no es normal que ansiemos reponer las calorías perdidas con una tableta de chocolate con almendras? Habiendo tenido tres hijos uno tras otro, pasé casi tres años sin menstruación, y realmente extrañé esa certeza saber lo que estaba pasando en mi cuerpo. La puntualidad de la menstruación me parece tan tranquilizante como un reloj que funciona bien, como un tren que llega a horario.Los dolores menstruales son como un pequeño parto mensual que nos recuerda el momento más intenso de nuestras vidas: cuando tuvimos a nuestros hijos. Cuando nos viene , podemos descansar, tumbarnos en la cama y pedirle a alguien que nos traiga un té o un whisky con hielo porque estamos indispuestas y nos sentimos mal. Y si alguien se queja de nuestro mal humor, le podemos decir que somos víctimas del Trastorno Disfórico Premenstrual, patología reconocida en el DCM –IV. Una amiga a la que le hablé de esto me llamó un día para preguntarme: “ Dime una cosa...Eso del trastorno premenstrual ...¿ era Trastorno Disfórico o Disfónico? Porque cuando me está por venir, grito tanto que quedo disfónica... “ A ella tampoco le molesta la menstruación. Hay mujeres que sabemos que el día que nos deje de venir, extrañaremos su aroma a herrumbre, el uso de toallitas y tampones, el pretexto perfecto para quedarnos en la cama leyendo revistas... Además, ¿Cómo se habitúa una a la idea de no poder tener hijos, ni aunque no quiera tenerlos? Porque una cosa es estar decidida a no tenerlos y por voluntad propia impedir el embarazo con anticonceptivos. Pero saber que es biológicamente imposible tenerlos, cambia un poco ciertas perspectivas. La naturaleza es sabia: para que el climaterio no sea un cambio tan brusco, la menstruación se va retirando poco a poco, se va salteando cada vez más, como lo haría una vieja amiga que se va a vivir al exterior y te sigue visitando cada tanto para despedirse, porque ya nunca más volverá. Entonces una tiene tiempo para hacerse la idea de que se va, hasta impacientarse un día, diciendo: “¿Cómo? ¿No te habías ido? ¡Vete de una vez y deja ya de dar vueltas!”.Ese es el día en que una tira todos los tampones, las toallitas higiénicas y las jaleas espermicidas a la basura. Se siente tan libre que llora un poco, tal vez porque nunca más podrá quedar embarazada, tal vez porque teme que todavía le tenga que venir una vez más, o tal vez para asegurarse a sí misma de los síntomas del “Trastorno disfórico premenstrual”, al que siempre tendremos derecho de padecer, aunque sea de mentirita.

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