lunes, 8 de septiembre de 2008

¿ Como son las mujeres de 40?

La psicoanalista francesa Françoise Dolto quien dijo que si un extraterrestre llegara al planeta Tierra y se pusiera a estudiar las personas de distintas edades, llegaría a la conclusión de que los adultos de la especie humana son los seres entre 8 y 9 años de edad, por su coherencia y madurez mental. Los chicos de 9 años son directos, honestos, prácticos y libres. Su filosofía de vida es simple, sabia y directa. Se sienten libres, capaces de aprender cualquier cosa. Perdieron los miedos de la primera infancia y aún no descubrieron el miedo a envejecer, al mundo externo y las complicaciones del sexo. Además, tienden a ver el mundo con bastante lógica. Mi opinión es que el extraterrestre que opine eso es porque no conoce esta Galaxia, ni conoció a una mujer de 40, la generación más evolucionada, en términos de integridad emocional. Las cuarentonas somos las personas más adultas , en el mejor sentido de la palabra. Y llevamos varias ventajas sobre los humanos de 8 años. Para empezar, podemos tomar un helado sin volcárnoslo encima, y aceptar una frustración sin que nos agarre un ataque de llanto de media hora. Las de 40 somos más libres, sentimos que no tenemos que demostrarle nada a nadie, perdimos timideces y vergüenzas del pasado y somos íntegras, racionales y lógicas. Si viniera un marciano del espacio exterior y quisiera ver como es la vida cotidiana de una terrícola de 40 años, yo no tendría problemas en mostrarle mi vida. Si él se burlara de mi estúpida vida, yo le diría que esa no es mi vida verdadera, sino una broma de bienvenida que le estoy haciendo. Entonces le pediría que vuelva a casa dentro de cinco años, para mostrarle cómo es la verdadera vida cotidiana de una terrícola de 40 años, y en ese tiempo haría todo lo posible por mostrarme madura, lógica, racional, creativa, competente, de modo de dejar bien parada la imagen de las mujeres de 40 años que tengan los alienígenas del resto de la Galaxia. Otra solución sería matarlo a tiros al marciano mientras sube a su Ovni y me saluda con la mano. Sabemos que la infancia no es feliz ni en los cuentos: a Blancanieves la madrastra quería arrancarle el corazón, a Cenicienta la madrastra la tenía de fregona, a Caperucita la madre la mandó que se la comiera el lobo y Hansel y Gretel fueron abandonados en el bosque por padres irresponsables y desamorados. Todas estas historias demuestran que las madres y las madrastas son lo peor que hay . A los 40 ya no le tenemos miedo a las madres ni a las madrastas, porque ya nos convertimos en una de ellas. La adolescencia es una tortura permanente, los 20 nos traen angustias de todo tipo y los 30 sólo nos dan trabajo. En cambio, los 40 es la edad en que empezamos a saber lo que queremos, a buscar los cambios o aceptar lo que no se puede cambiar . Una se siente como si antes de los 40 hubiera vivido dentro de una quesera de vidrio.¡ Cn tal de que al destaparnos no apestemos!. Toda la vida no parece haber sido otra cosa que un complicado camino para llegar a la parte mejor: la de tener 40 años. Antes de esta edad estábamos en un permanente “ ir hacia” . ¿ Hacia dónde? ¡ Qué se yo! “ Caminante , no hay camino, se hace camino al andar” era una frase de Antonio Machado cantada por Serrat, que nos alegraba la vida a los 20 creyendo que podemos ir para cualquier lado, porque para donde vayamos estamos haciendo el camino, con sólo andar. Pero a los 40 nos damos cuenta de lo mal que interpretamos al poeta. No nos estaba diciendo: “Ve para cualquier lado, porque total no hay camino”, sino lo contrario: “Fíjate muy bien para dónde vas a ir , porque al camino te lo estás haciendo tú sola”. (¿Por qué diablos las cubiertas de los discos de Serrat no venían con explicaciones para adolescentes despistadas? ) Como las de 40 ya recorrimos un largo camino, nos guste o no, llegamos a alguna parte, que puede ser adonde quisimos o adonde el viento nos llevó. Tenemos una casa, una familia o una carrera que, nos guste o no, es la nuestra. Tal vez en este momento nos paremos en el camino a mirar nuestra historia con más detenimiento. Y nos damos cuenta de unas cuantas cosas: a la casa le falta pintura, a la familia le falta un psicoanalista con cama adentro y a nuestra carrera laboral le faltan como otros 40 años de esfuerzos consecutivos para que arranque para algún lado. A los veinte años, una podía equivocarse de rumbo y corregirlo varias veces. Pero a los 40 nos damos cuenta de golpe ya no hay tanto tiempo, ni para hacer cosas nuevas ni para meter la pata . Eso es bueno, porque nos permite achicar un poco el objetivo, enfocar mejor en lo importante , y no arriegar nuestra vida protegiendo gorilas en Uganda o patinando sobre el hielo en Alaska cuando lo único que queríamos patinar eran muebles reciclados en el taller artesanal de aquí a la vuelta.. Es decir que una mujer de 40 tiene que empezar a estar en foco con respecto a su vida. No nos podemos decirle a nuestro marido: “Querido, te dejé una tarta en el horno. Espérame a que vaya a ver cómo es ser directora de cine, y vuelvo”. No nos da el tiempo para empezar de nuevo ...ni ningún marido nos va a tener esa paciencia. Ser joven es tener el futuro abierto de par en par , tener una página en blanco frente a los ojos. Pero a medida que vamos creciendo, el destino se nos estrecha. La vida es como un teleobjetivo: cuanto más lejos ves, menos cosas se ven alrededor. Lo que ya hemos hecho nos va condicionando el resto de vida. Entonces, a los 40, nuestra vida ya tiene un estilo definido. Por ejemplo, en la mía, elegí el estilo “ kitsch”,y así puedo hacer lo que se me da la gana. NUNCA SERÉ ASTRONAUTA A esta altura de nuestra biografía, las mujeres descubrimos un par de cosas: 1) Todo es más difícil de lo que parecía . 2) Nunca seré astronauta. El primer punto refiere a que cada vez que me pongo a hacer una torta pienso por qué no habré comprado una en la confitería, y cada vez que elegí a un hombre con quien convivir pensé si no hubiera sido mejor conformarme con una breve relación pasajera, en vez de terminar fregándole los calzones. El segundo punto refiere a la situación de destinos acotados que nos toca vivir. ¿Por qué “destinos acotados”? Si a los quince soñábamos con ser la primer mujer astronauta y luego nos olvidamos de hacer los necesario para cumplir nuestro sueño por estar distraídas pariendo hijos y sacando pollos del horno, a los cuarenta nos damos cuenta de golpe: “¡Oia! ¿Yo no quería ser astronauta? ¿Y qué hago ahora zurciendo calcetines de tres tamaños, ninguno de ellos mío?”. Entonces nos agarran escalofríos de impresión, al enterarnos de que el tiempo no es infinito. Tal vez hayas querido ser actriz y tampoco nunca hiciste nada para lograrlo. Pero ser actriz es mil veces más accesible que lograr que te metan en una nave espacial en Cabo Kennedy. Puse el ejemplo de ser astronauta porque ese era mi sueño. Cada tanto me agarra la depre al darme cuenta de que mi sueño quedó en eso: sueño. Cuando me sucede, me acuerdo de la maestra que estalló en el aire junto con el Challenger, y así logro que se me vaya la bronca.. ¡No seré astronauta, pero sigo viva! Con los años una descubre que no vale la pena envidiar a nadie. Ni siquiera a las princesas. Cuando empecé a desear haber nacido en el seno de la familia Grimaldi en Mónaco, y ser la princesa Carolina, supe que el primer marido (Junot) le hizo los cuernos con una vedette, el segundo marido se le ahogó en el mar, la hermana mató a la madre en una curva a 100 km /h y luego quiso ser cantante pero fue un fracaso, para terminar embarazada de su guardaespaldas, para terminar la misma Carolina con cáncer, y volver a casarse con un príncipe terriblemente viejo y gastado. Cuando empecé a envidiar a Lady Di por haberse sacado de encima al tonto del príncipe Carlos y salir con un millonario árabe, ella muere de muerte natural. Porque si vas a 140 km/h en un túnel con un chofer borracho...¡ es natural que te mueras! Cuando envidié a Cristina Onassis, me enteré de que la mujer más rica del mundo, no sólo no tuvo un amor, ni logró jamas ser flaca, sino que además murió en Buenos Aires. ¿ Se te ocurre un destino más triste para una mujer que tenía su propia isla privada en el Mar Egeo? Nadie está exento de vivir desgracias. Y cuanto más rica y famosa eres, más riesgos corres. Mira al hijo de Kennedy, matándose él y su mujer en su avioneta privada. Así que más vale no envidiar a nadie y hacer tu propio destino. El mío fue resignarme a no ser astronauta. Entonces me paso la vida hablándole de cometas y asteroides a mis hijos, llevándolos al Planetario y a observatorios varios, insistiéndoles en que espíen el cielo por telescopios, contándoles la biografía de Yuri Gagarin y preguntándoles día por medio: “¿Y tú, por qué cuernos no quieres ser astronauta?”, esperando que mi carrera sublimada se convierta en una vocación temprana que los lleve a decir en un reportaje “Soy astronauta porque mi madre quería serlo”. Es que, antes que envidiar a Carolina de Mónaco, preferiría envidiar a un hijo mío. Pero ya se sabe que los hijos no nos hacen caso. Pero pensándolo mejor, si una no deja ir a los hijos a un campamento con los amigos sin angustiarse ¿cómo podría soportar verlos zarpando en un cohete espacial? Imagino la cuenta regresiva previa al despegue: “ 3...2...1...0....¡ Ponte el sacooooo!” Además, ser astronauta parece que ya es demodé. Hace unos años , el planeta se detenía cada vez que la NASA o los rusos ponían a un hombre en el espacio. El otro día me enteré de que hay decenas de cápsulas habitadas en el espacio exterior(muchas de ellas con mujeres astronautas) , e infinidad de satélites chatarra que en cualquier momento caen a la tierra estrellándose en su superficie y haciendo desaparecer países enteros....y los diarios ni siquiera lo mencionan. El último astronauta famoso fue Louis Armstrong... ¿O era Neil Diamond? Tengo una amiga que opina que siempre podemos cumplir un sueño. Ella dice que en diez años de estudio y carrera terminada una está apta para hacer cualquier cosa como una profesional de primera. O sea que si alguien de 40 años empieza ahora a especializarse en algo, de aquí a diez años-o sea, a los 50 años-, podrá ser lo que quiera: neurocirujana, concertista de piano, embajadora o cantante de ópera ( porque de rock va a ser más difícil, salvo que una sea líder de un grupo de rock llamado “Tercera Edad”, que anime fiestitas en geriátricos). Pero a mí eso no me sirve de consuelo, porque en diez años no se llega a ser astronauta, como quería ser yo. Si a los 40 no nos aceptan ni como promotoras de tiempo compartido, ni como recepcionista de un hotel de mala muerte y sólo nos contratan como vendedoras de lotes en cementerios privados ( cuando, después de todo, los lotes de cementerios son tiempos eternos compartidos indefinidamente)...¡mucho menos van a tomar a una mujer de 40 para hacer pruebas espaciales en la NASA!. Encima, para entrar a la NASA hay que presentarse con un diploma de piloto de pruebas, ingeniera o física nuclear. Nada más lejos de lo que podría hacer ahora, cuando no logro recordar siquiera mi propio número de teléfono celular. A veces me cuesta recordar cómo llegué adonde llegué. Y - lo que es peor-, tampoco estoy segura de haber llegado adonde quería. Me pierdo en mi propia casa, diciendo: “¿ Para qué vine aquí?”. Mis hijos me dicen “ Vuelve adonde estabas y lo recordarás”. ¡ Pero no puedo recordar adónde estaba antes! La amiga que jura que una siempre tiene tiempo para lograra su sueño, aún sueña con dedicarse a ser serpa ( guía de alpinistas) en el Monte Everest. -Sé que un día lo haré... Un día saldré adelante...- comenta, fantasiosa. - Sí, claro que saldrás... ¡Saldrás en Discovery Channel: “¡Siga la aventura de una anciana que trepa el Himalaya en camilla con sus enfermeros!”- le digo yo. Las cosas bien hechas no son fáciles. Esto se ilustra con una anécdota acerca de un famoso neurocirujano que se cruzó con un famoso escritor, al que le dijo: - ¿ Así que usted es el gran novelista? ¡Mire usted! Cuando me retire, yo también pienso escribir una novela... A lo que el escritor le respondió: - Qué coincidencia, doctor. Cuando yo me retire, pienso dedicarme a la neurocirugía. Okey, si no tenemos todo el tiempo del mundo para llegar a hacer lo que teníamos pensado en el pasado. ¡Al menos tratemos de acercarnos a los que queremos en la actualidad!