lunes, 8 de septiembre de 2008

La etapa de la libertad

Me siento más cerca de mi madre desde que olvidamos las mismas cosas al mismo tiempo. Siento que todo lo que le pasa a ella también me va a pasar a mí... si vivo tanto como para derrumbarme a pedazos. Antes tenía miedo de llegar a la crisis de la mediana edad. ¿ Pero cuándo llega esa crisis? La crisis de la mediana edad vendría a los 50 si una vive hasta los 100. Como nadie llega hasta los 100 años, la crisis sería a los 37. Como hoy en día se vive a mil por hora, entonces sería a los 30. Pero como a los 30 todas nos sentimos viejas, la crisis de la mediana edad sería a los 21. ¡Buenas noticias! ¡Esto indica que una mujer de 40 ya pasó hace rato la crisis de la mediana edad! Así que por ahora no debe procuparnos ninguna otra crisis más que aquellas en las que nos sumergen los hijos irresponsables y los maridos desprolijos. El problema es que una tendría que buscarse urgente algo que la entretenga largo rato, porque si llegamos a los 80, tenemos por delante otro período de vida tan largo como todo lo que vivimos hasta ahora. ¿Y acaso existe algo que a una pueda hacerla sentir plena y feliz durante tanto tiempo? Tal vez, si pudiera cambiar mi alma por la de Julia Roberts...Pensándolo bien , tampoco estaría dispuesta a cambiarme el alma por la de Julia Roberts, aunque sí estaría feliz de cambiarme el cuerpo por el de Julia Roberts. Cosa imposible, porque no creo que logre convencer a Julia Roberts de que acepte mi cuerpo a cambio. ¿ Cómo se puede vivir plenamente una vida tan larga como la que nos espera? Los primeros veinte años de nuestra vida se nos pasaron aprendiendo a caminar derechas, comer con la boca cerrada, tomar la sopa sin ruido, hacer equilibrio en el bus con tacones sin caernos de espaldas y a cambiar pañales sin ponerle cara de asco a un bebé de un año que nos sonríe tiernamente. Los últimos veinte años de nuestra vida se nos fueron en esfuerzos por llegar a saber quiénes somos. Y a los 40 se nos acabaron los potenciales: somos lo que somos. Estamos en el mediodía de la vida: la mañana siempre se pasa muy rápido. Pero tenemos una larga tarde por delante. Así que, mientras vamos a la panadería y compramos unas ricas pastas para el té, podemos ir evaluando lo que tenemos. Tener 40 es mucho más elegante que tener 20. Las verdaderas damas son las de 40: somos más parecida a nosotras mismas, y dejamos de pensar en ser como los demás esperan que seamos. Esta es la etapa del “ahora o nunca”, una siente que no está para perder tiempo: “Ahora o nunca me sirvo un té”, “Ahora o nunca cierro la ventana que entra fresco”, “Ahora o nunca encuentro la otra pantufla”, son las decisiones relevantes que nos confirman que nos convertimos en mujeres decididas y activas. Lo importante es saber lo que queremos en la vida. Por ejemplo, ahora mismo yo quiero que alguien me planche toda esa pila de ropa que hay en esa canasta. Si me dan un par de décadas más, tal vez descubra algo más relevante... ¡pero aún tengo tiempo para descubrirlo! Muchas mujeres de 40 eligen esta década para redefinir los objetivos de su vida. Las cosas que estaban en primer plano ( “Regar las plantas”), pasan a segundo plano, y las que estaban en segundo plano ( “Mi marido”) pasan a último plano. Nos replanteamos las decisiones más profundas de nuestra vida ( “Bajar tres kilos antes del sábado”) y les damos la prioridad que realmente se merecen ( “¡Bajar tres kilos antes del viernes!”) Antes vivíamos pendientes de quedar bien, de no desentonar, de no recibir visitas si la casa no está perfecta. Pero ya nos dimos cuentas de que hagas lo que hagas, siempre habrá alguien que se quejará y que hablará mal de tí: ¡ Que digan lo que quieran! A esta edad sabemos que jamás seremos perfectas... ¡ y lo aceptamos! No ser perfecta es muy útil. Sirve para alegrarle la vida a los demás.Si una no es perfecta, sirve de ejemplo – “No seas como esa señora”- o de advertencia- “¡ Por Dios, si no te cuidás vas a terminar como esa señora!”-¡ y ya estamos cumpliendo una utilísima función social!. Hasta los 30 nos pasamos la vida disimulando nuestros defectos, y de golpe, llegamos a esta edad en que no hay arruga que se tape con maquillaje. Si no podemos tapar las arrugas (que es lo primero que se ve)... ¿De qué sirve esforzarse por tapar otras cosas? A esta edad, ya no nos importa nada de lo que piensen los demás. Es tiempo de empezar a ser más libres y honestas: En vez de decir “ Leelo tú, que yo no tengo ganas”, decimos “¡Denme una lupa, que no leo nada!”. En vez de decir “ Esa tela es horrible”, decimos “ Esa ropa no me va, es demasiado juvenil”. En vez de decir “ No salgo de noche porque hace frío/ por la inseguridad/ porque mañana madrugo”, decimos “ No salgo de noche...¡ porque me duermo en cualquier parte!”. En esta etapa nos empieza a gustar más la ropa cómoda que la ropa sexy, la gente amable que la atractiva y la comida rica en vez de la comida light. . Y empezamos a pensar en voz alta, caiga quien caiga. A los 40 yo me di cuenta de que tenía idealizada a la adultez. Viví creyendo que todos mis errores de juventud se debían a mi inmadurez, y que la gente grande no hacía estupideces. Ahora que soy grande, no sólo me doy cuenta de que sigo haciendo estupideces, sino que los mayores que yo hacen estupideces más graves que las mías, y que los adultos reflexivos, sensatos y maduros que esperaba conocer cuando sea grande ...no existen. ¡Miren todos los ministros, senadores, presidentes y directivos que hacen y dicen barbaridades mayúsculas sin que se les mueva un pelo!...¿Qué vergüenza puede tener una en pensar en voz alta y cantarle las 40 a quien se nos cruce en el camino? Si nosotras tampoco logramos convertirnos en adultas hechas y derechas y también nos equivocamos, podemos decir: “ ¿Qué me criticas a mí, con lo que hizo ayer el Primer Ministro?”. O mejor: “Mira, no soy perfecta. Tendré 40 años ...¡pero aún estoy creciendo!”.